historias de una barcelonesa en italia

Archive for abril 7th, 2011

Delafé y las flores azules cantaban por estas fechas del año pasado eso de la primaver ha llegado a la ciudad, y no sabes lo bien que me sienta papá. Y esta semana ese estribillo tonto pero pegadizo ha estado metido cuál taladro en mi cabeza: la primavera ha llegado a nuestro Udine natal. Por todo lo alto. Masivamente. Legalmente. Genialmente. Acogedoramente. Paelladamente. Sangriadamente. Mediáticamente (localmente).

Todo comenzó como suelen empezar las grandes cosas: con una bromilla estando de fiesta. Si combinas una idea loca que dices cuando vas contentillo con colegas con una tarde aburrida en una biblio con wi-fi de allí te sale un evento grande seguro. Y así nació el proyecto en que se ha puesto más esfuerzo por parte de algunos erasmus españoles: la fiesta de la primavera. Un “evento gastronómico-folclórico” que pretendía unirnos con el máximo número de italianos posibles compartiendo cantidades ingentes de tortilla de patatas, paella y sangría. La premisa principal era clara: que esa fiesta marcase un antes y un después en nuestro erasmus y en la vida de muchísimos estudiantes de la universidad de Udine.

El proyecto era ambicioso y por eso se pusieron metas ambiciosas: se habló con el alcalde y con El Coronel, algo así como el sheriff de Udine, que dio los permisos necesario para hacer todo bajo el precioso manto de la legalidad, porque a su vez el alcalde nos había dado su omnipotente aprobación. Teníamos lo básico hecho, lo que se hace entre bastidores. Pero el espectáculo debía comenzar. Y allí entró la campaña de marketing que hicimos, campaña digna del lanzamiento de un producto de masas: se hizo un vídeo como anuncio publicitario, se creó un evento online, la temática de la fiesta ocupó casi todos nuestros estados de facebook durante esos días, se crearon flyers que se repartieron a un nutrido grupo de estudiantes italianos que pasaban por allí… y se compró comida y bebida como para parar un tren en un macro.

-fotograma que muestra la pasión y el baile de la fiesta de la primavera-

El jueves empezamos a entender la dimensión a la que podía llegar eso cuando gente que no tenía nada que ver con el erasmus nos comentaba que habían oído hablar de la fiesta de primavera, gente como incluso un señor mayor, que no se movía ni siquiera en los círculos estudiantiles. Así que se dio luz verde a uno de los objetivos más ambiciosos de todos: debíamos salir en la prensa local, más concretamente en el diario de Udine, Il Messaggero Veneto.

El ser humano idealiza constantemente. Piensa en metas que le gustaría alcanzar, en formas complicadas de acabar siendo feliz, en una unión entre personas que le haga sentir que pertenece a un grupo. Sin embargo, la gran mayoría de proyectos que el ser humano imagina se quedan en humo, muchas veces ni siquiera son dichos en voz alta, otra veces son auto-deshechados por su nivel de surrealismo. La fiesta de la primavera parecía un proyecto imposible de hacer: ¿desde cuándo un alcalde va a hacer caso a un grupo de erasmus que quieren organizar una fiesta? ¿cómo un periódico iba a publicar un artículo de un botellón donde el punto noticioso no era ningún conflicto, sino el buen hacer y la fiesta? ¿como van a llegar unos erasmus a hablar con el mandamás de la ley de una ciudad? ¿En qué cabeza cabe que una fiesta erasmus se convierta en un tema de conversación entre gente mayor? Sin embargo la fiesta de la primavera contaba con algo que no cuentan otras fantasías humanas: la ilusión de un montón de cabezas con ganas de hacer alguna que otra travesura, pero sobretodo con ganas de llevar a cabo un proyecto diferente.

La organización fue digna de un proyecto laboral, la diferencia era que a nosotros nadie nos pagaba nada y que nuestra relación no era laboral, sino de amistad. Algunos dejaron atrás su obligaciones del día a día para hacer posibles ciertas cosas, y más o menos todos aportamos, aunque sea, un poquillo de nuestro tiempo. Nos movía la ilusión, la ilusión de ver que las cosas, por masivas o surrealistas que parezcan, se pueden hacer bien.

El sábado pasado, día de la fiesta, todos madrugamos. Todos nos despertamos pronto con una sonrisa en la cara, un cierto nudo en el estómago de nerviosismo y dejando de lado el cansancio en el momento que nos lavábamos la cara. Los fogones de distintas casas se encendieron ya a las diez de la mañana para preparar los doce kilos de arroz que habíamos comprado para convertirlas en bonitas paellas. Los 144 litros de vino que teníamos dieron de si una buena sangría que bebieron varias cientos de personas a lo largo de todo el día, y las incontables tortillas de patatas que iban apareciendo gustaron a todos por igual.

El resultado fueron más de doce horas de fiesta, de buen rollo, sin ningún solo problema, donde familias y gente mayor participó también y donde todos, españoles, italianos y de todas partes dimos una buena lección de cinismo. El único objetivo por cumplir el mismo día de la fiesta era el de conseguir un pequeño hueco en Il Messaggero Veneto. Y lo conseguimos también: aparecieron una periodista y un fotográfo que pusieron la guinda a un día magnifico, donde nos demostramos a nosotros mismos que los esfuerzos dan su fruto.

 

-prueba gráfica que hablaron de nosotrso en el diario-

Todavía ayer, miércoles, por casualidad de la vida conocimos al chef del Udinese por la calle, que resulta que es español, y nos dijo que había oído algo de la fiesta. Casi una semana después la ilusión vuelve a nuestros rostros cuando mentalmente nos preguntamos, medio en broma medio en serio, si en el vestuario del Udinese se habrá hablado de dicha fiesta.

 


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