historias de una barcelonesa en italia

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El erasmus llega a su fin. Es una realidad que se ha expandido como la espuma en una fiesta discotequera veraniega, como la “nada” de la historia interminable, como un agujero negro en el espacio, comiéndose todo. Los primeros ya han caído y nos van dejando con un goteo ininterrumpido bajo la promesa incierta de que algún día nuestras vidas se volverán a cruzar de nuevo.

Pero los erasmus, incluso de una desgracia quieren sacar cosas buenas, por eso se crearon la primera edición de los premios erasmus Udine, los galardones a un estilo de vida que todo el mundo piensa que es más fácil de lo que en realidad parece. Las categorías ya resumen nuestro estilo de vida: premio Jamaican Club (la marca de ron más consumida entre los estudiantes, al módico precio de 5€ la botella); premio mueve el culo, premio estudioso, premio facebook… y por supuesto no podían faltar los clásicos miss y mister erasmus.

La entrega de premios se celebró el pasado sábado 25 de junio en la piazza libertà, lugar de reunión pre-fiesta habitual. Los presentadores fueron Daniel Mauti, proviniente de Toronto(entero) y Elena Lo, proviniente del Toronto español: Molina de Segura, provincia de Murcia. Ambos hicieron un trabajo excelente, amenizando la gala incluso en los momentos en que el público daba muestras de fatiga debido a que el inexistente presupuesto no nos había permitido poner sillas para los invitados, así que teníamos que estar de pie, a veces incluso arriesgando su estabilidad y equilibrio (como cuando Daniel se bebió cinco tragos seguidos de vodka a palo seco).

La noche transcurrió sin grandes sorpresa: había premios que ya estaban prácticamente adjudicados antes de la ceremionia, como el de más viajero, que fue para Bob Merril Elizabeth Hertz, el troll de Sarah la canadiense, que se pasea por Europa y parte del extranjero haciéndose fotos con todo tipo de monumentos, o el de más loco, que se lo llevó mi querido colega bloguero JL (http://lavidadelgaditanojl.blogspot.com) que acabó su discurso copulando con el atril.

-Bob Merril en Barcelona-

 Otros, como el del premio fantasma, osease a la persona que se ha hecho ver muy poco, o el premio al más fiestero estuvieron más reñidos. En general los premios estuvieron muy repartidos; en esta edición no hubo ningún ganador absoluto, el que más se llevó dos premios. El ganador del galardón se llevaba un diploma y un minuto de gloria para hacer un discurso, que era escuchado o no dependiendo del humor del público en ese momento, un público exigente.

 En general fue una jornada sin muchas sorpresas: no hubo un Kanye West (aka que un borracho joda el discurso a un ganador) ni un Janet Jackson (aka que una mujer enseñe un pecho). Sin embargo, se hizo notable la falta de Alessia Bruno, la abeja reina que al fin y al cabo y gracias a su trabajo, ha conseguido que nos reuniésemos público, nominados y premiados a disfrutar de la que probablemente fue la última noche espectacular del erasmus.

Aquí está el listado de los premiados por categorias y por orden de aparición

PREMIO NED FLANDERS: Daniel Mauti

PREMIO INCAZZATO: Luis Cárdenas

PREMIO BELLA COPPIA: Jose Luis Almenara y Cynthia Torrellas

PREMIO JAMAICAN CLUB: Francesc Castells

PREMIO GOSSIP: Javilin Roquette

PREMIO FANTASMA: Salva Benítez

PREMIO MISS ERASMUS: Margaux Mey

PREMIO MISTER ERASMUS: Josu Pastor

PREMIO MUOVI IL CULO: Armando Pérez

PREMIO MUOVI IL CULO: Natasha Sheykina

PREMIO COPPIA PIÙ ASPETTATA: Paco Ruiz y Adelaida Cebrián

PREMIO MANTICA: Elena Lo

PREMIO al più PAZZO: Jose luis Almenara

PREMIO A CHI STA PIÙ SULLE NUVOLE: javi Madrid

PREMIO OROLOGIO ROTTO: Javi Segovia

PREMIO CASA DOLCE CASA: Sary Saez

PREMIO WILLY FOG: Bob Merril Elizabeth Hertz

PREMIO MEGLIO CASA ERASMUS: Casa Lisa Palumbo y canadienses

PREMIO JOHNNY BRAVO: Victor García

PREMIO FREAK: María Peinazo

PREMIO KREPAPELLE: Francesc Castells

PREMIO TIFOSO: Juan Francisco Cascales

PREMIO SPORTIVO: Bruno de Craene

PREMIO FACEBOOK: Sara Casillas

PREMIO VOCABOLARIO DELLA LINGUA ITALIANA: Adelaida Cebrián

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He hablado muchas veces de mis colegas españoles del erasmus, entre ellos un blogger gaditano al que vale la pena leer, cuya web http://lavidadelgaditanojl.blogspot.com/ me veo semi-obligada a promocionar. El hecho es que él siempre me da publicidad y yo tengo que mostrar cierta equidad e igualdad pragmática, al menos para demostrarle a mis padres que “los dineros”, como diría Ted Mosby, invertidos en el cole de curas sirven para algo.

Pero nunca he hablado de nuestros colegas italianos, que haberlos haylos. La mayoría les conocimos por nuestras horas extras en biblioteca, que tienen su explicación, al menos en mi caso, porque donde solemos ir a estudiar está en mi calle y porque hay un güifi genial, desde donde suelo actualizar el blog siempre.

En fin, casi todos los italianos que conocemos tienen algo en común, aunque viven en Udine en realidad provienen de un pueblo cercano, o paesino vicino, como dicen ellos. Aquí hay muchísimos estudiantes provenientes de pueblos cercanos, que suelen volver en fin de semana, porque Udine no es que sea el epicentro de la fiesta. Cada pueblo cercano suele tener entre 100 y 100.000 habitantes (iba a decir entre 10.000 y 30.000, pero era invención pura, así que mejor amplio mis miras).

Uno de ellos, Marco, resulta que es batería de un grupo. Un grupo que se llama Emy Besoog, al que alguna vez había oído y podría clasificar su estilo como “parece-algo-parecido-a-ska”. Pues bien, Marco nos comentó que el sábado pasado iba a hacer un concierto en las fiestas de su pueblo, San Vito al Tagliamento. Así que, a falta de algo mejor, nos plantamos en su pueblo el sábado al mediodía Lorea, Natalia, María y yo para pasar un sábado campestre. Por el día nos dedicamos a pasear por el pueblo, pero como era enano y se acababa enseguida, nos dedicamos a comer y beber, que se nos da bien.

 Llegó la noche y nos dirigimos al sitio donde era el concierto. Una especie de barraques pero minimalista, con un escenario, una barra y unos cuantos bancos. Justo antes de que el grupo se pusiese a tocar se nos acercó el cantante, que nos enseñó un par de expresiones típicas friulanas y luego nos preguntó nuestros nombres en el preludio de afirmar “luego os dedicaremos una canción”.

                                -Marco y nosotras, sus groupies españolas-

El espectáculo empezó. Y digo espectáculo porque eso no era un concierto, era una performance. La primera canción empezó con la entrada del cantante, vestido con un chaleco a lo mago y un sombrero de copa con luces de navidad, en la baca de un Fiat Punto del año de la tos. La tónica bizarra siguió: para una canción el cantante se disfrazaba de chinche y un spider-man se peleaba con él para después ser perseguidos por una cat-woman. En otra unas japonesas con bolsas en la cabeza rompían vasos de plástico en un microfóno, en otra, ya hacia el final, el cantante se paseaba por el público besando a la gente tiernamente en la frente. Después de ver semejante espectáculo ni nos acordábamos de que nos había prometido que nos iba a dedicar una canción. Pero lo hizo. Nos dedicó no una ni dos ni tres, sino tres o cuatro canciones. (No me acuerdo). Y como no se acordaba de nuestros nombres nos rebautizó como Manola, Katrina, Salamanca y Juan Carlos. Mientras nos re-bautizaba, nosotras, en el público, respondíamos a su dedicatoria con la consecuente cantidad de decibelios que vienen en nuestros genes.

aqui dejo un link con una canción del grupo, que no me deja poner

http://www.youtube.com/watch?v=0NQKKhEHtBU&feature=share

Después del clímax vino el bajón. Como no tenemos que olvidar que no estamos en Italia, sino en Austria (o aún peor, porque aquí son todavía más raros que los germanos) a las doce y media de la noche, cuando acabó el concierto, no pusieron más música. Las barraques friulanas se acaban a medianoche en vez de a las seis de la mañana, que hi farem.

Momentos no-musicales aparte, creo sin duda que fue el concierto más divertido de mi vida. Desde el sábado me declaro fan de Emy Besoog. Y desde esta humilde esquina cibernética recomiendo a todos mis lectores a ir a algún concierto de este grupo si pueden en su vida (porque el billete Ryanair vale la pena por ver a semejantes personajes en concierto) y les obligo a hacerse fan del grupo bajo amenaza de homicidio inmediato.

Hay cosas que haces con buena intención, pero nada más ejecutarlas sabes que ha sido un error. Como cuando Trillo gritó eso de “viva Honduras”; el hombre lo hizo con buena intención, pero instantes después supo que había metido la pata.

Pues bien, yo tuve mi momento “viva Honduras” la semana pasada.

Era lunes por la noche y yo estaba en la biblioteca de mi calle. En realidad llevaba todo el día allá porque el miércoles tenía un examen por el que he estudiado más que muchos de la autónoma (para que luego digan de los erasmus y bla bla bla). Eran las diez de la noche y la sala estaba llena, porque debido al calor y que a los de la uniud les cuesta bastante poner el aire acondicionado, el fresco de la noche recién empezada era el ambiente ideal como para estudiar. Como no había aire acondicionado las ventanas estaba abiertas, esto es un detalle importante. Pues bien, en un momento dado oí un xivarri (aka casino) proveniente de la calle. Me asomé por un balcón (la biblio de mi calle tiene muchos balcones, es muy renacentista) y vi que estaban algunos de mis amigos españoles en la puerta del sitio de pizzas de enfrente de la biblio, que acababan de cenar; bajé, les saludé, les lloré un poco sobre lo mucho que estaba estudiando y sobre lo mucho que les envidiaba (puse modo-pre-examen-on) y luego subí de vuelta a estudiar.

Hasta allí todo normal. Todavía no había soltado mi “viva-honduras” particular. Pero cuando me establecí en mi sitio y noté que todavía se les oía, cometí mi error, mi desliz, mi buena intención convertida en delito. Les envié un sms diciendo que se callasen un poco, que se oía desde arriba de la biblioteca. Ese fue el error. En cuanto mi samsung de 15€ me dio el informe de envío correcto, supe que había abierto la caja de pandora, que iban a considerar mi sms un desafío y no un consejo y que la iban a liar parda.

Y así fue, amiguitos. Les oí acercarse hasta debajo de la biblioteca, como el soldado solo y con miedo que oye acercarse al ejército enemigo. Les oí hablar, reírse, y en ese mismo instante mi mano empezó a temblar. Puede sonar exagerado, pero es exacto. Se como son los chicos con los que voy en el erasmus y se que, con tal de llamar un poco la atención y que se les mire o se les oiga son capaces de hacer cualquier cosa, peti qui peti (aka caiga quien caiga). Y dado que la sala estaba llena, la mayoría de sitios ocupados por gente que me conoce de ir a estudiar allá, tenía miedo de lo que iban a poder hacer; algo seguro que tuviese que ver con hacer ruido, que interrumpiese a la gente en su estudio y que se relacione con los erasmus.

El resultado, como el ejército que ataca, como la manada de lobos hambrientos que se echan encima del pobre conejo, tardo segundos en llegar. Oí la voz de Javilin que decía “dedicado a R.M. Y acto seguido siete voces desafinadas se pusieron a entonar la canción de clavelito. Fue solo un minuto de serenata con calidad musical más que dudosa, pero a mi se me pasó como una hora. Yo miraba a los friulanos esperando que no se enfadasen, porque se conoce que son muy rarillos (es muy fuerte que esté en la recta final del erasmus y todavía no haya hecho un post sobre los friulanos, los habitantes del friuli; son austríacos con dinero camuflados en italianos con más dinero, prometo informe próximo sobre ellos).

Al final de la canción, yo ya con la cara que parecía la bandera de China, se me acercó un compañero de biblioteca y me preguntó que porqué no me asomaba al balcón a saludar a los hombres que me cantaban el clavelito. Yo decliné la oferta educadamente y metí la cabeza debajo de los apuntes para que nadie más me viese.

Y así fue, amiguetes, como siete hombres me cantaron una serenata, no porque quisiesen iniciar un lío amoroso conmigo, sino porque sabrían que esa situación me iba a poner violenta y a avergonzar y porque se querían vengar por haberlos reprendido antes. Moraleja: nunca gritéis “Viva Honduras” en público.


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