historias de una barcelonesa en italia

Archive for julio 8th, 2011

“Udine es como un hijo tonto, al final le coges cariño”

A veces oyes frases en un momento determinado y aunque rápidamente se diluyen en tu memoria, sabes que recurrirás a ellas en un futuro. Suelen ser frases que escuchas en el preludio de una etapa, que resumirán algo especial y que cuya apelación futura significará buscar un cierto consuelo en un poco de dolor, como si el hecho de que compartieses su significado con otros te hiciesen sentir mejor, más comprendido.

Cuando apenas llevábamos unos días aquí conocimos a dos estudiantes de medicina de Cádiz que habían pasado el verano en Udine y que acababan su aventura cuando la nuestra empezaba. Estuvimos con ellos la última noche de su vida en la piccola città y nos dijeron esa frase. No se muy bien porqué la olvide, pero ayer Lorea la sacó a relucir justo antes de que nos quedásemos callados durante unos segundos, dándole la razón.

Udine es enana, aburrida, hace muy mal tiempo y el invierno (sobretodo el otoño) fue durísimo. Si la comparo objetivamente con Barcelona no tiene nada que ver, y sin embargo me da pena dejarla, me da pena volver a la ciudad grande donde siempre hay algo que hacer, donde realmente está mi vida. Como a un hijo tonto, al final le he cogido cariño.

Esto acaba señores. Toca a su fin. El blog agoniza ya, maldiciendo las entradas que debí escribir pero que nunca vieron la luz, ya fuese porque no tuve tiempo o nunca me vi con ganas como para crearlas, esos análisis de detalles que, a falta de estar sellados para siempre en un espacio de la red, se diluirán en mi imperfecta memoria.

Acaba, y me parece injusto por una parte, justo por otra. Me parece injusto porque mi vida erasmus no se volverá a repetir, una vida que no es tan fácil como la pintan ni tan difícil como otros pasos a la edad adulta. Pero me parece justo que una nueva hornada de estudiantes inquietos la volverá a vivir en unos meses, volverá a repetir las experiencias que me han hecho crecer y disfrutar de la vida. Volverá a pensar que Udine es un hijo tonto y volverá a cogerla cariño.

¿que puedo decir para resumir casi diez meses de erasmus? Pues que he sido feliz. Desde las risas que nos echamos en Amsterdam hasta las cervecerías polacas. Desde las noches gélidas de invierno yendo al black embutida en varias capas de ropa, chaquetón, guantes y bufanda hasta las sentadas en la acera delante del Jollie porque dentro hace mucho calor. Desde el Krampus hasta el concierto de San Vito. Desde el nerviosismo de la primera clase que tuve en italiano hasta la satisfacción de haber sacado un excelente en el último examen oral. Desde los cafés de media tarde, sean en la máquina de la uni o sean de un bar, siempre excelentes, hasta las compras en el centro comercial. Desde los lunes con los vinos de la Polse y la Teresina hasta los sábados locos en el Pinocchio. Desde los viajes europeos de varios días hasta las excursiones domingueras por los paesinos vicinos.

Pero los momentos no valen nada si no hay a tu alrededor personas geniales que te acompañen. Y eso es sin duda lo que va a hacer que eche de menos esta ciudad enana pre-alpina: la gente que he conocido. Tengo la suerte de haber conocido a gente fantástica con la que me llevo muy bien. Suena tópico de despedidas, pero es que es así: simplemente somos de la misma hornada. Nuestros ordenadores tienen el seguro de El Corte Inglés, desconfiamos de los canis y nos interesamos por la música, el cine y la política. Buscamos ser algo que todavía no tenemos bien definido, no somos ambiciosos pero tampoco conformistas. Analizamos la vida con algo de crítica y un punto de ironía ácida, que nunca viene mal.

No me voy a poner a nombrar aquí uno a uno los amigos que me llevo y lo que me gusta de ellos; eso sería catalogar, impersonalizar lo humano, y probablemente me dejaría algún nombre o algún adjetivo. Pero si que me voy a referir a ellos como grupo. Este blog tiene vida gracias a ellos. Son ellos los que lo llenan con sus historias, son ellos los que lo leen, los que me comentan y los que ríen con mis tontas bromas escritas. Saber que les he distraído con mis ideas, aunque sea cinco minutos de una tarde aburrida, imaginar una sonrisa dibujada en su cara delante del ordenador me hace sentir infinitamente bien. Este erasmus ha tenido vida gracias a ellos.

De ellos he aprendido a ser una persona, me he dado cuenta de que debemos humanizar al resto. He practicado la empatía dejando atrás los prejuicios y sabiendo entender al otro. Y eso me ha enseñado a ser humilde, a aprender de personas cuyos argumentos en mi propio ambiente hubiese ignorado o incluso despreciado. Irónicamente (o no) un puñado de adultos lleva 21 años intentandome enseñar a ser persona, a ser una parte de esta sociedad, y no lo han conseguido, precisamente ha sido gente de mi edad la que en unos meses me ha enseñado a ser adulta

El destino, caprichoso, nos ha unido, y ahora nos separa. Evidentemente cada uno debe seguir su camino, sin embargo da pena cuando se bifurca el recorrido, como se diluye el día a día que hemos forjado juntos. La eternidad es lo que más miedo me da. Saber que nunca más estaré en la biblioteca donde tantas entradas del blog he fraguado, que no volveré a recorrer nunca más los viejos pasillos de Antonini y los nuevísimos de Pordenone, que nunca más veré algunas caras y oiré algunas voces. Esa eternidad me aterroriza, me hacer sentir muy muy pequeña.

Ahora mi marcha se ve atenuada porque me voy al FIB con dos erasmus y por las ganas de ver a los míos, a los que no olvido y tengo tantas ganas de abrazar. Sin embargo, en unos días se que el cariño que le hemos cogido a esta ciudad aflorará, y sobretodo la pena por no poder ver las sonrisas de mis compañeros, por no poder oír a diario sus bromas. Pero entre tanta tristeza se que hay algo que nos ha unido y que espero volver a revivir próximamente, ya sea entre las adoquinadas calles del centro de Udine o encima del duro asfalto de cualquier ciudad española. Mi blog dice adiós, mi blog dice gracias a todos por seguir mis enfermizos análisis de la realidad, y yo digo hasta luego.

Yo os digo “volved conmigo a Italia”


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