historias de una barcelonesa en italia

Delafé y las flores azules cantaban por estas fechas del año pasado eso de la primaver ha llegado a la ciudad, y no sabes lo bien que me sienta papá. Y esta semana ese estribillo tonto pero pegadizo ha estado metido cuál taladro en mi cabeza: la primavera ha llegado a nuestro Udine natal. Por todo lo alto. Masivamente. Legalmente. Genialmente. Acogedoramente. Paelladamente. Sangriadamente. Mediáticamente (localmente).

Todo comenzó como suelen empezar las grandes cosas: con una bromilla estando de fiesta. Si combinas una idea loca que dices cuando vas contentillo con colegas con una tarde aburrida en una biblio con wi-fi de allí te sale un evento grande seguro. Y así nació el proyecto en que se ha puesto más esfuerzo por parte de algunos erasmus españoles: la fiesta de la primavera. Un “evento gastronómico-folclórico” que pretendía unirnos con el máximo número de italianos posibles compartiendo cantidades ingentes de tortilla de patatas, paella y sangría. La premisa principal era clara: que esa fiesta marcase un antes y un después en nuestro erasmus y en la vida de muchísimos estudiantes de la universidad de Udine.

El proyecto era ambicioso y por eso se pusieron metas ambiciosas: se habló con el alcalde y con El Coronel, algo así como el sheriff de Udine, que dio los permisos necesario para hacer todo bajo el precioso manto de la legalidad, porque a su vez el alcalde nos había dado su omnipotente aprobación. Teníamos lo básico hecho, lo que se hace entre bastidores. Pero el espectáculo debía comenzar. Y allí entró la campaña de marketing que hicimos, campaña digna del lanzamiento de un producto de masas: se hizo un vídeo como anuncio publicitario, se creó un evento online, la temática de la fiesta ocupó casi todos nuestros estados de facebook durante esos días, se crearon flyers que se repartieron a un nutrido grupo de estudiantes italianos que pasaban por allí… y se compró comida y bebida como para parar un tren en un macro.

-fotograma que muestra la pasión y el baile de la fiesta de la primavera-

El jueves empezamos a entender la dimensión a la que podía llegar eso cuando gente que no tenía nada que ver con el erasmus nos comentaba que habían oído hablar de la fiesta de primavera, gente como incluso un señor mayor, que no se movía ni siquiera en los círculos estudiantiles. Así que se dio luz verde a uno de los objetivos más ambiciosos de todos: debíamos salir en la prensa local, más concretamente en el diario de Udine, Il Messaggero Veneto.

El ser humano idealiza constantemente. Piensa en metas que le gustaría alcanzar, en formas complicadas de acabar siendo feliz, en una unión entre personas que le haga sentir que pertenece a un grupo. Sin embargo, la gran mayoría de proyectos que el ser humano imagina se quedan en humo, muchas veces ni siquiera son dichos en voz alta, otra veces son auto-deshechados por su nivel de surrealismo. La fiesta de la primavera parecía un proyecto imposible de hacer: ¿desde cuándo un alcalde va a hacer caso a un grupo de erasmus que quieren organizar una fiesta? ¿cómo un periódico iba a publicar un artículo de un botellón donde el punto noticioso no era ningún conflicto, sino el buen hacer y la fiesta? ¿como van a llegar unos erasmus a hablar con el mandamás de la ley de una ciudad? ¿En qué cabeza cabe que una fiesta erasmus se convierta en un tema de conversación entre gente mayor? Sin embargo la fiesta de la primavera contaba con algo que no cuentan otras fantasías humanas: la ilusión de un montón de cabezas con ganas de hacer alguna que otra travesura, pero sobretodo con ganas de llevar a cabo un proyecto diferente.

La organización fue digna de un proyecto laboral, la diferencia era que a nosotros nadie nos pagaba nada y que nuestra relación no era laboral, sino de amistad. Algunos dejaron atrás su obligaciones del día a día para hacer posibles ciertas cosas, y más o menos todos aportamos, aunque sea, un poquillo de nuestro tiempo. Nos movía la ilusión, la ilusión de ver que las cosas, por masivas o surrealistas que parezcan, se pueden hacer bien.

El sábado pasado, día de la fiesta, todos madrugamos. Todos nos despertamos pronto con una sonrisa en la cara, un cierto nudo en el estómago de nerviosismo y dejando de lado el cansancio en el momento que nos lavábamos la cara. Los fogones de distintas casas se encendieron ya a las diez de la mañana para preparar los doce kilos de arroz que habíamos comprado para convertirlas en bonitas paellas. Los 144 litros de vino que teníamos dieron de si una buena sangría que bebieron varias cientos de personas a lo largo de todo el día, y las incontables tortillas de patatas que iban apareciendo gustaron a todos por igual.

El resultado fueron más de doce horas de fiesta, de buen rollo, sin ningún solo problema, donde familias y gente mayor participó también y donde todos, españoles, italianos y de todas partes dimos una buena lección de cinismo. El único objetivo por cumplir el mismo día de la fiesta era el de conseguir un pequeño hueco en Il Messaggero Veneto. Y lo conseguimos también: aparecieron una periodista y un fotográfo que pusieron la guinda a un día magnifico, donde nos demostramos a nosotros mismos que los esfuerzos dan su fruto.

 

-prueba gráfica que hablaron de nosotrso en el diario-

Todavía ayer, miércoles, por casualidad de la vida conocimos al chef del Udinese por la calle, que resulta que es español, y nos dijo que había oído algo de la fiesta. Casi una semana después la ilusión vuelve a nuestros rostros cuando mentalmente nos preguntamos, medio en broma medio en serio, si en el vestuario del Udinese se habrá hablado de dicha fiesta.

 

Hola y perdón por mi ausencia. Hay veces que, debido a los horriblemente tediosos procesos burocráticos entre el país del vuelva usted mañana y su nación hermanastra en esto de la inmaculada capacidad de organización (entiéndase aquí “inmaculada” no como un adjetivo bueno, sino como lo que viene siendo virgen, nunca usado), cada vez que encendía el ordenador es para pelearme vía e-mail con mis sendas coordinadoras de intercambios, así que no tenía ganas más que de poner un tweet o un estado de facebook, que eso siempre es más breve.

Pero la situación ha acabado. las peleas burocráticas no, eso nunca acaba, digo la situación de sequía de actualizaciones. Escribo esto mientras escucho lo nuevo de Manel, grupo que tenía el don de la ubicuidad mediaticamente hablando, porque una humilde servidora sigue consumiendo compulsivamente los medios, tanto catalanes como españoles, y una humilde servidora los ha visto esta semana hasta en la sopa. Pero no, no quiero criticar a los Manel. Soy fan de Manel desde su primer disco, y esperaba con impaciencia el segundo. Me gustan, me relajan, y la voz de Guillem Gisbert me parece suave y agradable, como el catalán. Su nuevo disco ha sido para mi la banda sonora de la semana, junto con el disco Flamingo, el lanzamiento en solitario de Brandon Flowers, que me enganchó desde el primer minuto que lo escuché, y al que veré en directo este verano. Aquí dejo su canción principal. Dejaría Manel, pero ya se están promocionando bastante ellos solitos, no necesitan mi super-visitado blog.

Así que Flamingo y 10 milles etc (no me se el título entero y paso de buscarlo en google) han sido los acompañantes sonoros de mi semana. Una semana marcada por i tricolori, osea, el blanco, el rojo y el verde. Sobretodo el verde, ya que ayer fue san Patricio. Los tres colores de la bandera italiana lo han conquistado todo esta semana: escaparates, balcones, coches etc (he llegado a ver maniquíes de tiendas con la pegatina de la bandera italiana en cada mejilla). Ayer jueves se celebraba el 150 aniversario de la unidad italiana, y las banderas se veían everywhere. Qué patrióticos son! Los veía yo a los italianos más cabreados mutuamente, como en España, que nos odiamos entre todos. Pero parece que no tanto, al menos no por el 150 aniversario de la unidad.

Por tanto, ayer era fiesta. Hoy no, pero he decidido tomarme un puente en mi ajetreada vida y no he ido a clase. Además ayer noche fuimos a un karaoke y me pusieron 19 días y 500 noches y la flaca. Y ante tamañas obras maestras uno no se puede quedar quieto, así que volví un poquillo tarde a casa (no mucho, como si hubiese cogido el último ferrocaril en la plaza Cataluña un sábado, haced cálculos). Mañana voy a Venecia por 45676733 vez desde que estoy de erasmus, pero tengo una buena razón: veré a mi amiga Patri, que está allí con sus progenitores.

Patri no es el único reencuentro de esta semana. El finde pasado fui con María a Verona y me reencontré con Anna Barnés. Nos tomamos un café y hablamos de nuestras cosas. Tal como hacíamos en Terrassa o en la UAB. Eso es lo que me gusta de Anna. Da igual cuanto tiempo haya pasado sin verla, que cuando nos reencontramos parece que llevemos solo un par de horas sin vernos.

Manel sigue sonando, pero todavía no puedo cantar de memoria sus letras. Creo que en un par de semanas seré capaz. Espero no aburrir el disco, porque con el primero me pasó precisamente eso.

 

Según la Biblia del siglo XXI, es decir,la wikipedia, la resaca es: “un cuadro de malestar general que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso, en el cual se manifiesta: vómitos, pérdida ocasional de memoria, dolor de cabeza y sed intensa” entre otros. La resaca es algo que acompaña al estudiante erasmus en toda su aventura, quizás sea el estado en que se encuentre la mayor parte del tiempo. A ver, yo ya había tenido resaca, y más yendo cada verano a Caseres, pero no sabía que se podía alargar más de un día esa sensación. Y es que llevo con malestar general desde el lunes.

Resaca. Esa palabra me recuerda a la palabra “roca”, quizás porque es dura, fea y gris, pero están allí porque forman parte de algo muy bonito en su conjunto, como las rocas de un acantilado. Los italianos la llaman “postumi”. Creo que le va mucho mejor esa calificación, que evoca a la muerte, que no la española, que evoca a un acantilado (al menos en mi desestabilizada mente). Pues señores, llevo con el postumi toda la santa semana. Que duro, se nos está yendo de las manos esto, más que nada porque solo he ido a una clase en toda la semana. Y adivinais en que estado? Si, de resaca. Pero es que aquí los carnavales se celebran demasiado, cada día, parece mentira. Así que hoy me he dicho a mi misma “basta” y he decidido encerrarme en casa a hacer cosas de provecho, como limpiar mi habitación, que parecía una leonera. Yo creo que hay mamíferos vivos debajo de mi cama, pero me da miedo asomarme a asegurarme de mi tesis.

La verdad es que ha sido una locura de semana: el sábado pasado fuimos a Venecia, y allí estuvimos hasta las once de la noche (teniendo en cuenta que, evidentemente, el día anterior habíamos salido). El domingo, mientras veíamos una peli de zombies, nos bebimos ocho cervezas entre tres personas. El lunes venga a comer, que era el día de Andalucía y se debía celebrar por todo lo alto. El martes European Nigth y la despedida de Mar y Alessandra (que por cierto se viene al FIB conmigo, bien!), el miércoles porque si, porque es miércoles, el día universitario en Udine, y toca, y ayer jueves el carnaval del Black Stuff. Y mañana Venecia. Otra vez. Llega un momento en que mi ánimo y mi cerebro me dicen que pare, y es lo que voy a hacer, voy a parar. A las nueve he quedado con las niñas para hacer un skype conjunto y después me voy a poner a ver el documental de Banksy tila en mano, al más puro estilo tercera edad.

Que semana señores, que semana… Surrealista no, lo siguiente. Parasafreando a Jose Luis (que aparece mucho en este blog, para que luego se me queje) “han cogido a los estudiantes universitarios más esquizofrénicos de España y los han metido todos en Udine”. Creo que no se equivoca.

 

A descansar, ya hablaré de los carnavales de Venecia más adelante, cuando tenga más ánimos y las neuronas más en funcionamento.

Hoy hace 30 años del 23-F. Me acuerdo que mi madre siempre me contaba que ella y mi padre estaban comprando muebles para su casa, ella embarazada de mi hermano Dani, cuando oyeron por la radio lo que estaba pasando. O quizás sólo lo explicó una vez pero es uno de esos hechos imbéciles que se te quedan grabados a fuego en la mente (como cuando leí que el cuerno de los rinocerontes está hecho del mismo material que nuestras uñas). Sea como sea, hoy hace 30 años de un punto de inflexión y de tensión bastante relevante de nuestra historia. Me encantan las efemérides, como me gustan las cosas gratis y juntar mesas en los bares. Aunque, visto lo visto, creo que esos gustos son comunes a toda la población en la parte del globo donde hemos crecido. Y no sólo lo digo yo, tengo pruebas empíricas que lo demuestran.

 

 

Algo muy mediterráneo, aparte de abalanzarnos como monos hambrientos sobre lo que se nos regala o juntar mesas en los bares, es hacer la sobremesa. Algo muy de la bona vida. Por eso me sorprendió cuando Daniel, un canadiense que también está de erasmus, nos dijo que él hacía sobremesa en Canadá. Aunque su caso es una excepción, puesto que Daniel es hijo de italianos. En Udine hay canadienses, pero creo que todos (o casi todos) son descendientes de italianos. Tienen apellidos como Mauti, Palumbo, Visco… Ellos quieren hablar italiano con nosotros, pero yo me emperro a hablarles en inglés, así puedo mejorarlo. Y así me encuentro estos días de erasmus, mezclando cuatro idiomas prácticamente a diario: castellano, catalán, inglés e italiano. Que en el fondo está de puta madre, porque hace que aprenda a cambiar mentalmente de idioma más rápido y que coja seguridad expresándome en dichas lenguas, pero que es un lío mental del que ya estoy saliendo bastante ilesa. Hablando de lenguas, estoy haciendo un curso de dialecto andaluz un tanto peculiar. Mis deberes son apuntados en una servilleta, de esas que no secan pero te dan las gracias.

 

 

Aún así, o precisamente por eso, hago mis tareas religiosamente, con más ganas que cuando iba al cole y todo.

Hoy hace treinta años del golpe de estado. Si hubiese triunfado, tendría yo mi blog? Me habría podido ir de erasmus? Estudiaría en la universidad? Hubiese siquiera nacido? Belén Esteban sería la princesa del pueblo? Hoy hace treinta años que podemos seguir presumiendo de que la transición española fue un ejemplo de pacifismo y buen hacer y se estudia en casi todas las escuelas de política del mundo. Si es que aparte de juntar mesas sabemos hacer más cosas bien.

Esta es la última entrada en la que hablaré del viaje a Eslovenia. En primer lugar, aclarar que debía haber actualizado ayer pero como los miércoles es el día universitario en Udine, decidí tomarme el día libre. Aparte, no he superado ninguno de los retos que me he planteado en toda mi vida y no iba a empezar ahora.

El domingo estábamos todavía más cansadas que el sábado, si eso era posible. Aún así, o precisamente por eso, decidimos dejar de lado los desayunos de hot-dogs y mayonesa y decidimos marcarnos un pedazo desayuno a lo Sexo en Nueva York (iba a decir “a lo Gossip Girl pero sería hipócrita hacer esta comparación ya que yo no he visto nunca esa serie y todo el mundo sabe que la honestidad es una de mis virtudes, junto con la modestia) y nos metimos en un sitio de pasteles caseros y cafés. Nos tomamos pasteles para no desacostumbrar a nuestros mimados estómagos y después subimos al castillo ese de Ljubljana que no tiene mucho. Las vistas eran bonitas pero hacía un mal día, con cielo nublado y lluvia (ya es raro, pero es la tónica meteorológica desde el fin de semana, aquí no ha cambiado nada el tiempo)

El tiempo, eso nos fastidió el domingo. Fuimos al lago Bled, un lago precioso si lo buscas en google imágenes, pero toda esa belleza que esperábamos encontrar se difuminó precisamente por culpa de las nubes, la niebla y el agua-nieve que caía. No sabíamos si estábamos en Eslovenia o en Escocia. Aún así hicimos compañía a los patiros (vamos, que los espantamos a los pobres animales), tiramos piedras a la parte congelada del lago, nos hicimos foticos y disfrutamos como niñas chicas.

-así nos encontramos nosotras el lago Bled-

No faltó el momento adrenalina, el minuto periocoloso que todo viaje debe tener, y que, casualmente, siempre lo suele poner Natalia. Mi amiga intentó coger la frago y conducirla un poco, proyecto que fue abortado por petición popular y por el sentido común de la señorita Llanos al verse conduciendo un vehículo bastante grande que no cabía por un puente y sin poder poner la marcha cruzados en medio de una carreterilla. El súmmun del momento pericoloso fue cuando Natalia dijo “no me acuerdo donde está el acelerador”. Por suerte Sary, que no Chary, la sustituyó y pudimos llegar a Udine de una pieza todas juntas.

Pero lo más importante del domingo es que me he apuntado a un curso de iniciación al andaluz.

Ya que estoy en contacto con tantos acentos distintos de esa región he decidido intentar saber poner su acento. Mi maestra es María, que tiene un acento muy grasioso de Córdoba, y según me evalúa me dice que ya estoy en falso principiante. Viniendo de la novena provincia, no podría estar más orgullosa.

 

Previously, on eslovenia’s road trip…

nos habíamos quedado en que nos habíamos ido a dormir y Lorea y Natalia llegaron riendo y despertando a toda la habitación. Anuncié ya la temida llegada de Chari de Cuenca a nuestro viaje. Pero antes de que explique como se mostró debo explicar las causas de su aparición.

Llevábamos la furgo y la habíamos aparcado en el centro de Ljubljana. Como buen centro de cualquier ciudad, era necesario pagar un ticket porque sino te ponían multa. Pues bien, el ticket se debía renovar a las siete de la mañana, y nos habíamos dormido sobre las cinco, las que más pronto. Sary había dicho que se levantaría ella a cambiar el ticket, pero se durmió y se despertó a las diez y media. Se asustó pensando en la multa que nos podían haber puesto y le dijo a María que la acompañase a cambiar el ticket, a lo que María contestó, con ironía “si, ahora voy”. El problema radica en que Sary no captó dicha ironía y se creyó que María iba a levantarse, y al esperar unos diez segundos y ver que María seguía durmiendo, Sary sufrió una fenómeno como el del acalde de Pesadilla antes de navidad, fenómeno que se dice o se aplica a las personas que sufren la posesión infernal de un elemento oscuro de su interior, que embarga el cuerpo y la mente de la pobre víctima. Lo que se conoce popularmente como “se le ha ido la pinza”

La escena que vino después no la quiero ni explicar. Yo solo digo que me sentí igual que cuando hay una pelea en la comida entre mi hermana y mi madre. Todos los demás (osea, los hombres de la familia y yo) sabemos que debemos estar calladitos y quietecitos mientras dure la tormenta porque sino recibiremos nosotros. Así pensé yo en ese momento, en el que me hice en un principio la dormida, hasta el momento en que los gritos eran tales en que físicamente era imposible que estuviese dormida. La única que reaccionó ante tal huracán fue Natalia, que se levantó de un salto y la acompañó. El resto nos quedamos quietecicas, con la última amenaza “cuando volvamos os queremos ver duchadas” retumbando en nuestros oídos.

Por suerte no nos habían puesto multa, así que Chary se desvaneció y la que volvió fue Sary, con cafés para todas en una bandejita muy mona. Estudios recientes hechos por el sevillano compañero de nuestra habitación demuestran que Chary es de Cuenca, o al menos aseguraba él. Nuestros compañeros de habitación debieron flipar con nosotras, tanto por nuestra forma de irnos a dormir como por nuestro despertar.

Ese día tocó turismo por Ljubljana y comer, y comer y más comer. Como hemos comido, dios mío. Yo nunca me había imaginado que mi erasmus llegase a tal nivel de acabamenta como al de llegar a comerme un hot-dog con mucha mayonesa como desayuno después de dormir cuatro horas. Pero así fue. Eslovenia es más barata y nosotras aprovechamos ese agravio comparativo poniéndonos ciegas de comida. Porque las curvas de las mujeres reales no se mantienen solas.

Por la noche, aunque estábamos rotas y llenas de comida, decidimos irnos al Top, una discoteca bastante famosa de la capital. La verdad es que estaba bien, pero estábamos demasiado cansadas como para disfrutar mucho, así que duramos poquillo. Antes de la discoteca hicimos una especie de mini-botellón donde conocimos a un portugués llamado yogurt que en realidad se llamada Diego y tenía un gemelo malvado y repasamos las provincias de Castilla y León. Creo que ese momento fue más acabamenta que el del hot-dog matutino.

Próximamente… excursión la lago Ness, perdón, Bled, y Natalia y su conducción segura de la furgo

 

Parecía el inicio de un chiste: esto es una navarrica, una madrileña, una andaluza, una manchega (no se sabe si de Cuenca o de Albacete), una murcianica y una catalana, todas ellas viviendo fuera de su país y todas ellas metidas en una furgoneta de nueve plazas. Y como todo era de chiste, nos hemos reído mucho en nuestro viaje a Eslovenia. Nos hemos reído tanto y nos han pasado tantas cosas que creo que voy a retarme a mi misma, ya que ultimamente estoy un poco vaga en esto de actualizar, y voy a desgajar el viaje en tres partes, correspondiendo a los tres días. Hoy toca viernes, mañana sábado y el miércoles tocará el último día. Porque han pasado demasiadas cosas como para comentarlas en un solo post.

Viernes once de febrero. Once de la mañana en Via Poscolle. Una furgo enorme de esas de nueve plazas llega a la esquina del callejón de la farmacia. La conduce una chica que sonríe y que pita. La reciben dos chicas más que gestualizan contentas de verla llegar. Los abuelos que pasan por la calle, que son muchos, demasiados, quizás todos los del Friuli, se paran y se quedan mirando el espectáculo, atónitos. Espectáculo que luego evoluciona, cuando todas las chicas se reúnen en la calle y, ruido mediante, empiezan a meter bolsas y bolsas de comida y de bebida, y maletas. Así empezó nuestro periplo, con Kurro de testigo excepcional.

Media hora después estamos en carrertera y en un ratillo nos plantamos ya en las cuevas de Postjona, unas cuevas impresionantes de más de tres millones de años, las más grandes de Europa y bastante famosas. La entrada costaba 17€ y el siguiente pase era a las tres de la tarde. Como quedaban un par de horillas nos fuimos a ver un castilllo medieval que estaba a 9 kilómetros de las cuevas. Para ir tuvimos un pequeño “sustico” como lo bautizamos nosotras: la furgo no arrancaba por mucho que se le diera el contacto. Sin embargo, como al tercer intento arrancó, no le dimos importancia. Fuimos al castillo, nos echamos unas cuantas fotillos, comimos un sándwich y, como teníamos que estar un cuarto de hora antes del inicio de la visita en las cuevas, decidimos poner rumbo a las cuevas de nuevo. Allí “el sustico” volvió a aparecer pero esta vez en su forma más evolucionada: la furgo no arrancaba por mucho que se le diese al contacto. No había forma de arrancarla, y allí estábamos, 6 chicas atrapadas en el culo de Eslovenia (esa zona parecía muy turística en verano, pero en pleno febrero estaba un poco muerta). Después de quince minutos de intentar arrancarla empezamos a desvariar. Natalia propuso ir caminando los 9 kilómetros que distaban, a ver si llegábamos a las cuevas. Yo me callaba y solo pensaba en que estábamos malgastando 17€ cada una porque no íbamos a llegar a tiempo (la cabra tira al monte) y Lorea y Elena buscaron ayuda en un autobusero que llegó en ese momento, que menos mal que lo hizo, porque sino estábamos solas. Por suerte cuando nuestro salvador autobusero iba a acudir en nuestra ayuda “el sustico” dejó de serlo y arrancamos. Llegamos a las cuevas con puntualidad española: cinco minutos tarde.

En las cuevas cogimos un guía italiano, y nuestro grupo solo eramos nosotras seis y un pobre chico de la toscana que debió flipar. El guía era el típico graciosillo que durante dos minutos tiene gracia, pero que si insiste más se hace bastante cansino. Y creo que eso a María le debe enfadar bastante en general, porque en aquel momento en particular María amenazaba con meterle una ostia. El guía se empeñaba en que viésemos formas en las estalactitas y las estalagmitas, desde un gato hasta una pareja besándose, pero lo único que veíamos nostras era una cosa. No lo voy a decir por aquí porque soy una chica muy correcta y esas falacias, pero solo evocaré una imagen: torre agbar. Nostras veíamos torres agbar por todos lados. Quizás influyó en eso el hecho que el guía nos diese al principio de la visita un truco claro para diferencias estalactita de estalagmita. Dijo, y cito textualmente: “cuando el hombre está normal está con estalactita, pero cuando se pone contento al ver una bella mujer se pone estalagmita.”

-la torre Agbar, todo un símbolo de Barcelona-

Después de la visita a una cueva llena de formas fálicas, después de un café y de arreglar el mundo mientras lo tomábamos y después de perdernos y acabar en una veterinaria donde olía a Tara, llegamos a Ljubljana. Ya era de noche y sonaba “Voy a acabar borracho” de Platero y Tu y la canción del anuncio de Nocilla. Parecía ser que la noche ya estaba escrita. Llegamos al hostal, nos acicalamos y quedamos con Dani, un amigo de Natalia que está de erasmus en Ljubljana. Fuimos a su residencia a beber algo y luego salimos por unos garitos un poco de tirados. En la resi conocimos a compañeros erasmus de allá, entre ellos a un portugués que me sacó de mis casillas con Cristiano Ronaldo. En fin, el viernes me sentía beligerante y me peleé verbalmente con unos cuantos. Pero es que soy escorpio, y somo así, necesitamos pinchar y que nos pinchen para divertirnos.

En el sitio de tirados (medio litro de cerveza 1,80€, solo digo eso) estaban los peores baños del mundo. Esto:

es una gilipollez comparado con esas letrinas. En serio, indescriptible. Yo no se como pude acabar allí.

La noche acabó con Natalia, Sary y Lorea partiéndose mientras nuestros compañeros de habitación dormían (había tres personas más en nuestra habitación) y con María diciendo “que nos van a reñir”, frase que hizo que todos estallásemos en carcajadas, yo creo que incluso a los que habíamos despertado. Nos dormimos plácidamente unas cuatro horas sin saber el peligro que acechaba a la mañana siguiente. Chary iba a poseer a Sary e iba a aparecer en escena.

Continuará.

 

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